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Procesualismo

Contenido: Definición de procesualismo. La teología contemporánea y la filosofía del proceso.  Arqueología postprosuesal. Procesualismo y la antropología.

Definición de procesualismo

Procesualismo o Filosofía del proceso, visión especulativa del mundo que afirma que la realidad básica está en constante proceso de flujo y cambio. De hecho, la realidad se identifica con un proceso puro. Conceptos como creatividad, libertad, innovación, emergencia y crecimiento son categorías explicativas fundamentales de la filosofía del proceso.

Esta perspectiva metafísica se contrasta con una filosofía de la sustancia, la idea de que una realidad permanente y fija está por debajo del mundo cambiante y fluctuante de la experiencia común. Mientras que la filosofía de la sustancia recalca el ser estático, la filosofía del proceso acentúa el devenir dinámico.

Aunque la filosofía del proceso es tan antigua como el filósofo griego del siglo VI a.C. Heráclito, se renovó el interés por ella en el siglo XIX con la teoría de la evolución. Figuras claves en el desarrollo de la moderna filosofía del proceso fueron los británicos Herbert Spencer, Samuel Alexander y Alfred North Whitehead, los estadounidenses Charles Sanders Peirce y William James, y los franceses Henri Bergson y el teólogo Pierre Teilhard de Chardin. Progreso y Realidad: Un ensayo sobre Cosmología (1929) de Whitehead está considerado como la expresión sistemática más importante de la filosofía del proceso.

La teología contemporánea y la filosofía del proceso

La teología contemporánea ha recibido una influencia muy intensa de las doctrinas relacionadas con la filosofía del proceso. El teólogo estadounidense Charles Hartshorne, por ejemplo, más que interpretar a Dios como un absoluto inmutable, recalca la relación sensible y solícita de Dios con el mundo.

Un dios personal que entra en las relaciones de tal manera que Él resulta influido por las relaciones, y resultar influido por las relaciones es cambiar. Así, Dios también está en el proceso de crecimiento y desarrollo. Importantes contribuciones a la teología del proceso han sido elaboradas por teólogos como William Temple, Daniel Day Williams, Schubert Ogden y John Cobb, hijo.

Procesualismo y la antropología

La arqueología procesual (a menudo conocida bajo la denominación inglesa de «New Archaeology» ) es una escuela arqueológica anglosajona cuyos orígenes están en la publicación, en 1958, del libro «Method and Theory in American Archeology» por Gordon Willey, Philip Phillips et al.

En él expresaban su paradigma científico con la siguiente frase: «La arqueología americana o es antropología o no es nada.», de este modo asumían que los objetivos de la disciplina arqueológica deberían ser idénticos a los de la Antropología Cultural.

Sin embargo el verdadero impulso de la arqueología procesual vino diez años más tarde de la mano de dos investigadores, el estadounidense Lewis Binford y el británico David L. Clarke.

Aunque la Arqueología procesual ha tenido una gran influencia en todo el mundo, su desarrollo partió de los Estados Unidos en los años 60 y 70, habiendo recibido un importante impulso por parte de muchos arqueólogos latinoamericanos y británicos.

La arqueología procesual recibe ese nombre por objetivo último que es el de reconstruir completamente, de manera virtual, los «procesos culturales» del ser humano. Para ello sostienen el empleo mucho más riguroso del método científico y de determinadas ciencias auxiliares de gran espectacularidad, hasta el punto de llegarse a achacárseles cierta ostentación tecnológico-científica en sus métodos y cierto hermetismo en su lenguaje.

Sin embargo, a los arqueólogos procesuales partían casi de cero, y les costó bastante tiempo establecer unas pautas científicas aplicables a su campo de estudio; para conseguirlo tomaron como modelo el Positivismo lógico del filósofo alemán Carl Hempel, incluido en el círculo de Viena y la Filosofía analítica anglosajona.

Además, como se indica más arriba, toman muchas de las técnicas de campo de la Antropología Cultural para reconstruir la vida en el pasado. Según Lewis Binford la etnografía comparada es imprescindible para facilitar la comprensión del contexto arqueológico.

En este sentido, los arqueólogos procesuales tiene mucha fe en los modelos matemáticos y, particularmente en la teoría de sistemas. De hecho, Clarke dedica varios de los capítulos de su libro principal a adaptar esta teoría, con tanto detalle que, muchos de sus colegas han quedado desconcertados ante lo que consideran una aplicación excesiva e innecesaria a causa de su exposición poco familiar y oscurantista.

Arqueología postprosuesal

La Arqueología postprocesual o Arqueología radical es un movimiento surgido en Gran Bretaña a partir de los años 80 como reacción contra la Arqueología procesual y amparado en la filosofía postmoderna.

Los prosprocesualistas rechazan el determinismo y la imparcialidad aséptica del Procesualismo, argumentando que cada arqueólogo está fuertemente mediatizado por sus experiencias personales y por su entorno, lo que imposibilita un enfoque completamente objetivo de los problemas arqueológicos.

Asimismo, afirman que se sobreestiman las cualidades del Método científico y dudan que sea posible aplicarlo estrictamente en Arqueología pues existen diversos factores intrínsecos a esta disciplina que lo impiden y hay uno fundamental: una ciencia que estudia al ser humano forzosamente debe ser una ciencia humana.

Por ejemplo, es imposible, como se hace en otras ciencias, repetir algunos experimentos por parte de científicos independientes: es el caso de la propia excavación arqueológica.

En Arqueología suele ocurrir que los fenómenos estudiados son únicos y aislados (y, por lo tanto, no susceptibles de contrastación independiente, como dicta el método científico; para ellos, recurrir a la traducibilidad parece una salida fácil, pero es una salida falsa).

Así, pues, los arqueólogos postprocesuales defienden el relativismo científico aceptando el carácter blando de la disciplina, reconciliándose en parte con el historicismo cultural y, además, afirman que el conocimiento puede ser utilizado de forma estratégica a favor o en contra de determinadas causas. Es decir, la moral debe estar por encima de la ciencia y por tanto ésta puede ser modelada por aquélla.

Muchos arqueólogos y prehistoriadores actuales se sienten en la encrucijada de no comulgar con los presupuestos de la Arqueología procesual, pero se niegan a aceptar el pesimismo postprocesual que relega la disciplina prehistórica y la arqueología a ciencias de segunda categoría.

El mayor reproche que le hacen al Postprocesualismo es su renuncia al Método, su oposición a ser una ciencia experimental cuyas hipótesis considera incontrastables (y, por tanto, no científicas).

Esa especie de derrotismo que les hace aceptar como verdaderas las explicaciones más razonables, sin someterlas a controles estrictos; lo que, a veces, induce a cuestionarse el porqué de la Arqueología (si, total, los resultados no pueden ser comprobados).

La arqueología postprocesual, al defender el relativismo científico ha ido evolucionando y divergiendo en escuelas regionales poderosamente influidas por la tradición de cada equipo, facultad o universidad.

Fuentes: Enciclopedia encarta / Wikipedia.org